
Hay temas que el cine español visita de forma recurrente (ahí está el sambenito de la Guerra Civil), pero en los últimos meses hay uno que parece haberse instalado con especial fuerza: los conflictos en las relaciones paternofiliales.
No hablamos necesariamente de grandes tragedias ni de familias rotas en el sentido más evidente, sino de vínculos que no son del todo sanos, marcados por la ausencia, los cuidados, las expectativas, la culpa, la enfermedad, la incapacidad para quererse o las heridas que pasan de una generación a otra y se arrastran demasiado en el tiempo.
¿Qué tienen las relaciones paternofiliales en el cine español para que ahora sean protagonistas de tantas historias? Hoy reflexionamos sobre ello en Trani Film Festival.
Relaciones paternofiliales en el cine, un lugar común a lo largo de los años
Las relaciones entre padres e hijos son realmente complejas. En ellas podemos encontrar una mezcla de amor, dependencia, responsabilidad, incapacidad de comunicación, reproches, conflictos… que justifican sobradamente que, en el fondo, sean uno de los grandes temas tanto del cine como de la literatura universal.
Familias en las que aparentemente todo está bien y no pasa, se pueden convertir en una bomba de relojería a poco que rasques lo que cada uno siente en silencio. O basta con que dos familiares que llevan años sin hablar tengan que sentarse juntos para que aparezca todo un pasado que parecía enterrado.
Además, cuando se exploran las relaciones paternofiliales en el cine, el público suele conectar de forma muy especial al tratarse de situaciones y conflictos que todos hemos sentido en alguna ocasión: quién cuida a quién, qué significa ejercer de padre o madre, cuánto pesan las decisiones de una generación sobre la siguiente y hasta qué punto estamos condenados a repetir aquello que hemos aprendido.
En el caso del cine español, cinco películas recientes lo muestran desde perspectivas muy diferentes.
1.- El ser querido
Rodrigo Sorogoyen coloca en el centro a Esteban Martínez, un reconocido director de cine magistralmente interpretado por Javier Bardem, y a su hija Emilia, una actriz cuya carrera atraviesa un momento complicado en otra brillante actuación de Vicky Luengo.
Tras 14 años de distanciamiento, ambos vuelven a encontrarse cuando él le ofrece un papel en su nueva película. El rodaje les obliga a convivir y reabre heridas relacionadas con un pasado de violencia y excesos por parte del padre que culminó con el abandono de esa hija, dejando unas heridas que nunca llegaron a cerrarse.
2.- Yo no moriré de amor
Marta Matute aborda la relación entre una hija y su madre desde un escenario muy diferente, en gran parte autobiográfico.
Claudia tiene 18 años cuando la enfermedad de su madre irrumpe en su vida y modifica los roles familiares. Entre la responsabilidad de cuidar y el deseo de disfrutar su juventud, la protagonista debe encontrar una manera de acompañar a su madre enferma de Alzheimer sin renunciar completamente a sí misma.
3.- El mal padre
Roberto Bueso plantea el reencuentro entre un padre y sus tres hijos después de años de separación. El progenitor, un soberbio Eduard Fernández, abandonó a su familia por otra mujer y ahora invita a sus hijos a pasar unos días juntos en la casa donde veraneaban.
El encuentro sirve para confrontar viejas heridas, pero también para intentar comprender quién fue realmente aquel padre ausente.
4.- El mal hijo
En el debut de Jaime Lorente tras la cámara, la historia se centra en Rubén, un niño de once años cuyo padre desaparece. El pequeño acaba viviendo con una abuela a la que apenas conoce y, con el paso del tiempo, descubre una historia familiar marcada por heridas que se han transmitido entre generaciones.
La película convierte esa relación entre abuela y nieto en el punto de partida para hablar de abandono, vínculos y reparación.
5.- Sants
Mikel Gurrea introduce el vínculo materno en una historia mucho más cercana al thriller. Lali, otra vez fantástica Vicky Luengo, afronta la inminente muerte de una madre con la que nunca se ha entendido. ¿Cómo quedarse al lado de alguien a quien no tienes claro si has querido alguna vez?
Además, su precaria situación económica la lleva a unirse a una banda dedicada al robo de figuras religiosas. El cuidado, la precariedad y la necesidad de encontrar una salida económica se mezclan así con una relación familiar marcada por la enfermedad.
Conclusión
Cinco películas, cinco conflictos paternofiliales y una misma pregunta de fondo: ¿qué hacemos con los vínculos que nos vienen dados? El cine español no parece estar buscando respuestas sencillas. Más bien está explorando esa zona incómoda en la que querer a alguien no siempre significa saber cómo relacionarse con él, ni cuidar implica dejar de necesitar una vida propia.
Quizá ahí esté precisamente el interés de estas historias relaciones paternofiliales en el cine: convertir la familia, ese territorio aparentemente conocido, en uno de los escenarios más complejos que todavía se pueden seguir explorando en el cine.